Vistas de página en total

lunes, 11 de abril de 2011

Fremont y Herman


3
   El primer rayo de sol cruzó la ventana y se topó con la cara de Herman que todavía estaba dormido. Cerró con fuerza los ojos pero pronto se estiró y comprobó que hacía un precioso día de primavera. El ruido de las potas y las tazas lo encaminó hacia la cocina, donde su madre estaba preparando el desayuno.
   Buenos días…- Le dijo su madre mientras posaba el tazón de leche ante sus narices. No se molestó en contestarle y tomó el desayuno. Después, miró el reloj y se dio cuenta de que se hacía tarde, había quedado con Fremont, quería llegar un poco antes y esperarlo en el parque.
   Mientras tanto Fremont se preguntaba, de pié frente a su armario, que se pondría para salir. Se viste coge su cámara y sale apresurado de casa. Cuando llega al parque Herman está apoyado en el tronco del nogal más grueso. No podía evitar poner esa sonrisa tonta cada vez que lo veía y sabía que él tampoco.
   -¿Hace mucho que esperas?
   Se rió y le dijo: -No te preocupes, no llevo mucho esperando. Además con el buen día que hace hoy se está muy a gusto aquí apoyado. Prefiero estar aquí que en casa, porque mi madre me ha vuelto a preguntar a donde iba, ya sabes que no me gusta mentirle, pero le tuve que decir que iba con Iria. Me pongo muy nervioso cuando quedamos y me pregunta por lo que hice, donde estuve, con quién estuve…
   -No tienes que tomártelo tan a pecho. Aunque se enteraran eres su hijo y no te recriminarían nada.
   -Siempre dices lo mismo pero no los conoces. Mi padre cuando vemos algo en la televisión siempre suelta alguna barbaridad y lo peor de todo es que mi madre le rie las gracias. A mí no me sienta nada bien, aunque intento reírme, pero me cuesta mucho.
   -No seas tonto, si realmente piensas otras cosas se lo puedes decir. Eres libre para opinar, no te pueden decir nada. Puede que en un principio estén obcecados y no quieran ver la verdad pero con el tiempo te aceptarán.
   -¡No me vengas con tus “lucha” y “reivindícate”! La cosa no resulta tan fácil y más aun tal y como son ellos…
   -Lo sé pero creo que vivir así, ¡escondidos! No nos lleva a ningún lado. Si nos defendemos no se nos echarán encima, el mundo es muy grande y la hipocresía lo llena pero en nuestro interior el anhelo de libertad acabará con lo que nos oprime. Sé que no podemos cambiar a las personas, pero podemos mejorar un poquito más el mundo, hacerlo mejor o intentar vivir en este caos.
   -Si en el fondo tienes razón… Pero… Ya sabes… Las miradas, los insultos, los empujones, las novatadas, no son fáciles de aguantar ni de erradicar...-Herman lo miró a los ojos y bajó la cabeza.
   Fremont se acercó y lo agarro entre sus brazos. Se sentía siempre tan bien a su lado. Su olor y su respiración provocaban en él una sensación de tranquilidad. Se recreaba en una inmensa pradera, totalmente florida, por donde pasaba un precioso río de aguas cristalinas, si te acercabas podías comprobar sin fijarte mucho como los preciosos pececillos de colores se mezclaban con las coloridas flores de los nenúfares. Si alzabas la vista al horizonte se contemplaba una inmensa pradera y más lejos aun se alzaban las montañas con sus cumbres nevadas. El tacto que sentía al rozar su cara con la hierba era aterciopelado y el ambiente estaba impregnado de él.
   Herman no sintió la misma sensación a ver como la mujer que pasaba a su ledo mostraba una mueca de asco. Ella sin pudor ni vergüenza alguna escupió al suelo para acentuar su repugnancia hacia ellos. Fremont se dio cuenta y ya no lo podía soportar más, en ere momento entró en cólera y …

martes, 22 de marzo de 2011

Fremont y Herman

2
   Herman entró en casa y sorteó con gran destreza las habituales preguntas de sus padres. Se encerró en su habitación y se puso a escuchar música.
   “Espero que no nos haya visto nadie…” Se tumbó sobre la cama con un suspiro. “Sé que Fremont se preocupa por mí, pero creo que no estoy preparado para contárselo a mis padres… Quizás entiendan todo esto, ¡Si me resulta difícil a mí!, cuanto más a ellos. En casa cada vez que sale el tema lo evitan rápidamente con bromas.”
   Cambió de canción y se recostó sobre su lado derecho, quedando ensimismado hacia el precioso cuadro de Monet. Aquellos nenúfares les trasmitían una gran tranquilidad y la sensación de libertad al ver como flotaban en el cielo reflejado. “Nunca comprenderé porque no me dejan ser libre… ¿Porqué no puedo escoger lo que me gusta? ¿Quién es el que dicta las normas sobre lo que está bien visto o mal visto? Nunca, nunca, nunca me puedo sentir libre si todos esos ojos acechan sobre mí, si todos ellos matan mi dignidad y no me dejan vivir.”
   Tragó saliva y sintió como un gélido diamante bajaba rozando su cara para acabar en la almohada, sin embargo llevó consigo parte de la angustia que sentía. “Me siento continuamente rodeado de hipócritas y de personas poco coherentes. Ponen el grito en el cielo para defender la libertad, la igualdad, pero esas mismas en las situaciones cotidianas se retraen y al contrario de lo que dijeron no están seguras de la legitimidad de lo que defienden.” Se gira y tumbado sobre la cama mira a la lámpara que cuelga del techo. “Cuando me siento en el banco del parque, con la persona a la que quiero, la gente, sin importar la edad, no pueden pasar sin mirar extrañados. No sé si lo hacen inconscientemente por curiosidad, o eso quiero creer. Por el contrario otros no pueden reprimir su curiosidad que se traduce en ciertas ocasiones en una cara de asco o murmullos con su compañero… ¿Soy acaso un bicho raro? ¿O es que no estoy haciendo lo correcto? Me resulta deprimente pensar que todo el mundo aborrece mis gustos y los rechaza. Prefiero, por el momento, vivir pensando que sólo es una pequeña curiosidad, sea esto mentira o verdad.”
   Herman se quedó dormido mientras seguía cavilando en su difícil situación, puede que no sea el único que pensara en ello. Es mejor creer, para no ser pesimistas, que no es el único.

martes, 8 de marzo de 2011

Personalidad

Cause baby you're a firework
Come on, show 'em what you're worth
Make 'em go "Oh, oh, oh"
As you shoot across the sky-y-y

¿Quién osó decir que todos somos iguales? Ciertamente, miremos para donde miremos encontramos diferencias grandísimas con nuestros vecinos. Pero, ¿ hasta qué punto nos importa esto?
Sin duda estamos muy influidos por los estereotipos y por unas pocas personas que nos dicen “lo que tenemos que hacer”. Enciende la televisión o lee una revista y los descubrirás. Nos quitan nuestra creatividad y lo más importante, nuestra libertad para ser nosotros mismos. No necesitamos cuerpos perfectos, pieles de porcelana, ojos de colores imposibles, marcas en todas nuestras posesiones…
¡Lo que verdaderamente necesitamos es ser nosotros mismos! Somos seres sociales y racionales, capaces de pensar por nosotros mismos y convivir pacíficamente. Las reglas por las que nos guiamos son inherentes a nosotros, nadie nos las tiene que imporner.

sábado, 19 de febrero de 2011

Fremont y Herman

   La casa de Herman se encontraba en el centro de la ciudad. Bajo las escaleras y salió a la calle con el móvil en la mano, portando una amplia sonrisa. Quizás no lo notaba pero aquellos mensajes le alegraban el día. Sus amigos lo esperaban para ir a entrenar, al aproximarse a ellos le dijeron: -¡a ver cuándo nos dices quien te hace sonreír así¡- Bajo la cabeza y no dijo nada, guardo con diligencia el teléfono en el bolsillo y partieron hacia el gimnasio.
   - Nenos yo me marcho a casa que estoy muy cansado- dijo uno de sus amigos. Cada uno marchó en una dirección, pero a Herman lo estaban esperando cerca de su casa.
   Fremont lo vio llegar con la mochila sobre el hombro derecho, se quitó los cascos del mp3 y lo admiró como quién se queda anonadado ante un gran acantilado, un paisaje infinito que te envuelve y no te evade.
   -¡Qué tal en el gimnasio?
   -Bien, estuve con estos e hicimos lo de siempre, ¿y tu?
   -Aquí esperando para verte.
  -Ya sabes que no me gusta mucho que vengas por aquí que pueden verte mis padres o los vecinos…- Herman abrió la puerta y se sentaron en el único sillón que adornaba el portal. Era una estancia rectangular donde el ascensor se colocaba en el lado opuesto a la puesta, entre ellos un gran espejo, un sillón y una pequeña planta de plástico.
   Fremont se sentó a su vera apoyando su mano sobre la rodilla de su amigo, el cual lo miró. Herman se inclinó hacia él, cerró los ojos y sentía como una hermosa fragancia recorría cada uno de sus poros. Él delicado pétalo de una rosa, de un rojo tan intenso como una puesta de sol, acarició sus labios y reprimió sus ganas de llorar...

miércoles, 26 de enero de 2011

EL COMIENZO


   Esta pequeña neurona en un mar de corrientes como es Internet es un espacio muy personal, en donde puedo descargar toda mi energía intelectual e intentar difundir al mayor número de personas mis conceptos y pensamientos sobre el mundo que nos rodea.

   Espero que difruteis mucho con este blog y que os ayude a crear vuestra propia opinión. Disfrutazlo =)